NUESTRA PALABRA - 25/02/2010


La batalla principal es crear conciencia y organización
La ausencia de la fuerza política frentista necesaria continúa siendo el Talón de Aquiles de este proceso. Los sectores del PJ, la izquierda, la centroizquierda y el progresismo comprometidos con los cambios en nuestra Patria, deberemos confluir más temprano que tarde en la construcción de ese instrumento, sin personalismos ni mezquindades, ubicando las tareas de la unidad en consonancia con lo que está en juego.

Frente a la tendencia a la pérdida de la hegemonía yanqui a nivel global, se afirma la decisión del establishment, la derecha, el FMI y los Estados Unidos, de restaurar el neoliberalismo en la Argentina, en América Latina y en el mundo. Este es el objetivo principal de la fuerte ofensiva que enfrentamos en esta etapa. La dramática situación que atraviesan los países del este europeo y otros como en el caso de Grecia evidencian que la única respuesta del imperialismo frente a la crisis estructural es más neoliberalismo, ajustes y medidas contra el pueblo, arrastrándolos al mismo pozo que en nuestro país estalló en el 2001.
En un reciente informe ante el Congreso norteamericano, el director de Inteligencia Nacional de ese país señaló que en América Latina la ‘gobernabilidad democrática’ será posible sólo en aquellas naciones con “democracias responsables, liberalización económica y relaciones positivas con los Estados Unidos”. Advirtieron también sobre “el populismo y el estatismo” en la región. Es el anuncio de una mayor agresividad en el marco del plan político y militar que los yanquis han definido en la actual coyuntura.
Lo nuevo en Latinoamérica es la disposición de los pueblos a luchar contra el neoliberalismo, concientes de los peligros y también de las posibilidades, de que habrá avances y también retrocesos, como ocurrió recientemente en Chile. Al mismo tiempo, los resultados electorales en Bolivia y Uruguay, las transformaciones que llevan adelante los países integrantes del ALBA con Cuba y Venezuela al frente, el significativo crecimiento de la candidata Dilma Roussef en Brasil hacia las próximas presidenciales de octubre, y la decisión de la presidenta Cristina Fernández de profundizar el rumbo antineoliberal en nuestro país, nos hablan de una tendencia vigente en América Latina, que sólo podrá sostenerse frente a un enemigo aún poderoso reafirmando los lazos de unidad e integración regional, tal como se ratificó días atrás en la Cumbre de Cancún.
En la Argentina, las primeras señales de un 2010 con fuerte recuperación económica en favor fundamentalmente de los sectores populares, enfrenta el accionar de grandes multinacionales y empresas formadoras de precios que mediante la inflación y el aumento del costo de vida pretenden incrementar sus márgenes de renta licuando el poder adquisitivo del salario y de importantes beneficios como en las asignaciones y jubilaciones que permitieron un gran impulso del consumo en el último periodo. La maniobra antipatriótica y antipopular en torno al Banco Central, es un ejemplo contundente de la fuerte embestida del poder real contra el gobierno nacional, que intenta empujarlo nuevamente hacia el endeudamiento y a un callejón sin otra salida que achicar el gasto público, interrumpir las obras de infraestructura, abandonar la política de creación de puestos de trabajo, etc. En este escenario, la oposición aún no logra superar su fragmentación objetiva, y sólo aparece homogénea por el accionar de los grandes medios de comunicación y en particular de Clarín, que los cohesiona en la tarea de desgaste permanente de la presidenta y el gobierno en su conjunto. Es notable la ausencia de propuestas por parte del arco opositor; en realidad, no pueden explicitar de cara al pueblo que sus únicos deseos son el retorno al neoliberalismo.
Nos encontramos ante una situación muy particular, donde las transformaciones logradas durante estos años se encuentran por delante del nivel de conciencia alcanzado por franjas importantes de la sociedad, influenciadas por el descontento cotidiano que descargan los medios masivos de difusión, y por treinta años de hegemonía neoliberal que dejaron profundas huellas. La base de apoyo del Proyecto Nacional que encabezan Néstor y Cristina Kirchner es más homogénea, pero todavía con dificultades para elevar el grado de consenso general en torno a las medidas del gobierno. La batalla principal es por la conciencia, el esclarecimiento y la organización.
La ausencia de la fuerza política frentista necesaria continúa siendo el Talón de Aquiles de este proceso. Los sectores del PJ, la izquierda, la centroizquierda y el progresismo comprometidos con los cambios en nuestra Patria, deberemos confluir más temprano que tarde en la construcción de ese instrumento, sin personalismos ni mezquindades, ubicando las tareas de la unidad en consonancia con lo que está en juego.
Las jornadas del 5 y 6 de marzo con 500 mesas en las calles para difundir la importancia de la asignación universal por hijo y el plan de cooperativas Argentina Trabaja, forman parte de las iniciativas impulsadas por intendentes, organizaciones políticas y movimientos sociales que venimos recorriendo un camino en común, conformando un núcleo desde el cual contribuir a recomponer el Frente para la Victoria, que deberá agrupar a todos los sectores dispuestos a sostener y profundizar el proceso abierto en mayo del 2003. La convocatoria realizada por el Movimiento Evita a un Acto en Ferro el próximo 11 de marzo con la presencia de otros agrupamientos como el Frente Transversal y fuerzas aliadas, motiva también nuestra adhesión y disposición de participar identificados con el llamado a defender a la Presidenta y al proyecto nacional.
En la confrontación que se incrementa día a día, ganaremos y perderemos batallas. Quieren restaurar el modelo de represión, ajustes y privatizaciones que dejó a la Argentina al borde de la desintegración. Será una lucha sin tregua, que afrontaremos sin escepticismos ni optimismo exagerado, movilizados en las calles, frente al Parlamento, permanentemente. Como hace 200 años, es una misma lucha en toda América Latina, y sólo unidos en un bloque común de naciones podremos parir un nuevo tiempo para nuestros pueblos.