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NUESTRA PALABRA - 31/05/2012 |
ECONOMÍA
Los formadores de precios y
el rumbo nacional
La mayor parte
del salario de un trabajador (que representa la mayor parte
de la sociedad) es destinada a alimentos, elemento esencial
para la vida independientemente de necesidades culturales
(ayer, hoy y mañana). Antes de Néstor, vivíamos en “el
infierno” de hambrientos, de crecientes comedores
comunitarios, de desocupados.
La inflación y los formadores de precios
El principal rubro del Índice de Precios al Consumidor (IPC)
es el de Alimentos y Bebidas.
Si bien el aumento de precios puede tener más de una causa,
la inflación es en esencia un procedimiento de disminución
del salario real, del poder adquisitivo, mediante el aumento
de los precios. La inflación no es una ley de la naturaleza
como la de Gravedad. Los empresarios dicen, por ejemplo, “si
aumento los salarios, tengo que aumentar el precio del
producto que fabrico” dando por natural que deben tener un
piso de ganancia, cuando no piensan en aumentarla. Su meta
es la ganancia y es por esto que, haciendo sus cuentas,
muchas veces prefieren aumentar los precios y no la
producción para obtener la misma ganancia. A esto se le
llama “puja redistributiva”.
Por pensar así, muchos empresarios fueron funcionales al
neoliberalismo que cerró fábricas en los ´90, fundiéndolos a
ellos también.
El rol del Estado
Las corporaciones, los monopolios u oligopolios, que son los
formadores de precios, discuten el rol del Estado: “Cristina
no puede meterse”, “Moreno no puede fijarnos los precios”.
Sin intervención del Estado, por ejemplo, cuando los precios
internacionales de los alimentos y commodities (como el
combustible) suben, esos aumentos se trasladan al mercado
interno. Con determinadas magnitudes de retenciones a esas
exportaciones -entre otras posibles medidas-, los
empresarios ganan menos o lo mismo exportando que volcando
la producción al mercado interno.
Si la inflación pasa de un límite, al aumentar el costo de
la producción en dólares, genera un retraso del tipo de
cambio, que hará que el dólar cueste menos de lo adecuado.
Esta caída del tipo de cambio haría menos competitivas
nuestras exportaciones y más baratas las importaciones,
llevándonos a un déficit de la balanza comercial, que haría
que la economía crezca menos y que aumente la desocupación,
lo que vivimos con Menem y De la Rúa. O habría que devaluar
la moneda, que el dólar cueste más, produciendo la
disminución del poder adquisitivo del salario, lo que
vivimos con Duhalde.
El rumbo y Cristina
Tendencialmente, en Argentina el salario real disminuyó en
el período 1976-2002 y creció en el 2003-2012 (además, en
los mismos períodos bajaron y subieron, respectivamente, los
beneficios no salariales para el pueblo como la inversión en
infraestructura, ciencia, educación, etc.)
Tanto los abanderados de poner en primer plano devaluar o
valuar el peso respecto del dólar sin tener en cuenta el
conjunto de los aspectos económicos (situación
internacional, grado de industrialización, integración
latinoamericana, desendeudamiento, recuperación de las AFJP,
reforma de la Carta Orgánica del Banco Central e YPF, entre
otros) y políticos, nos conducen a una derrota. Mucho más en
la época de predominio mundial del capital financiero,
especulativo.
La solución de fondo
Al cambiar la realidad, para continuar el mismo rumbo, las
medidas no pueden ser siempre las mismas sino que algunas
deben cambiar, variar, diversificarse e incluso las que ayer
fueron positivas, hoy o mañana pueden resultar negativas.
Desde 2003 se ha demostrado esa capacidad determinante.
La solución de fondo para tener un salario justo y controlar
los precios es estar “unidos y organizados”, es la fuerza
política que entienda las complejidades del rumbo, compuesta
por miles y miles de “Moreno” que participen para cambiar la
correlación de fuerzas sin pensar que las conquistas desde
2003 son “derecho adquirido” (como la ley de Gravedad) ni
que pueden consolidarse y profundizarse sin su
participación.
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