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Editorial
Una presidenta con convicciones
La asunción del
segundo mandato de la compa-ñera Cristina, su discurso en el
Parlamento y en la Plaza, fueron objeto de innumerables
análisis e
interpretaciones. Los editorialistas del establishment no
ahorraron
descalificaciones y hasta arriesgaron un perfil psicológico
de la Presidenta.
Siguen evidenciando, en esencia, un profundo desconcierto.
Las palabras de Cristina del pasado 10 de diciembre fueron
una contundente
ratificación de las mismas convicciones que desde hace 8
años están al frente
de las decisiones políticas en la Argentina: “En honor a
todos los compañeros
vivos o que ya no están y a nuestra propia historia, no
vamos a dejar las
convicciones, como nunca lo hicimos y vamos a seguir
trabajando con todos y por
todos por una Argentina más justa, más equitativa y más
solidaria”. Es el
legado de Néstor Kirchner.
Convicción de que la Memoria, la Verdad y la Justicia ya son
política de
Estado, que no debe tener retorno, con el desafío en los
próximos cuatro años
de terminar de condenar a todos los responsables del
genocidio en nuestro país.
En su fundamentación, Cristina evocó a nuestra compañera de
la Fede, Ana Teresa Diego, desaparecida en 1976.
Convicción de que nuestro destino como Nación está en
América Latina, en la
CELAC, en la Patria Grande: “Nada hubiera sido posible si no
hubiéramos virado
estratégicamente la dirección de nuestra economía y de
nuestra mirada. La
volvimos a casa, la volvimos al continente, porque sabemos
que aquí, en la
integración regional, está una de las mejores defensas que
podemos tener contra
un mundo difícil y plagado de desafíos que debemos
enfrentar”.
Convicción de que el camino es el de la redistribución de la
riqueza, el
crecimiento con inclusión y la industrialización, “que no
pasa ni por el club
de los devaluadores ni por el club de los endeudadores, pasa
por el club de los
que queremos generar mayor valor agregado, mayor innovación,
mayor ciencia y
tecnología”.
Convicción de continuar confrontando con la especulación,
porque hay quienes
“gobiernan con metas de crecimiento pero del sector
financiero y yo quiero
notificarles que nosotros gobernamos con metas de
crecimiento del trabajo y del
empleo. Estos son los ejes de nuestro Gobierno y estos van a
seguir siendo”.
Convicción de la soberanía y la política de desendeudamiento,
“de modo tal que
ya nadie pudiera ser jefe de la economía argentina, que el
jefe de la economía
argentina se sienta acá y por decisión del pueblo”.
Convicción y decisión de estar a la altura de su
responsabilidad histórica:
“tuvimos que soportar cinco corridas cambiarias que las
corporaciones hicieron
creyendo que este Gobierno iba a ceder. Que se den por
notificados: yo no soy
la Presidenta de las corporaciones, soy la Presidenta de los
40 millones de
argentinos”.
Estas son las definiciones que enardecen a la derecha y la
obligan a hablar de
“arrogancia”, “absolutismo” o del “tedioso relato de lo que
fue…”, etc.
Pretendieron, tras el resultado del 23 de octubre, imponer
un giro a la derecha
del gobierno, establecer condicionamientos, y nuevamente
chocan y se exasperan
con las convicciones de Cristina. Pero como ella misma
alertó, no basta con
eso. No alcanza con la disposición de una Presidenta y su
núcleo de gobierno;
es la construcción colectiva la que deberá organizarse para
defender lo logrado
estos años y avanzar, “porque mientras haya un solo pobre en
la Argentina, no
estará cumplimentado el proyecto nacional y popular”.
La compañera Cristina destacó “a los que no desmayaron; a
los que no
defeccionaron; a los que creyeron que valía la pena luchar
por los ideales y
las convicciones”. Sobre estos valores, ideales y
convicciones, se está
levantando la nueva Argentina. Elevar la conciencia y la
voluntad de lucha en
otro nivel, es hacer todos los esfuerzos necesarios por
construir la fuerza
política unitaria para que no haya marcha atrás en el camino
liberador de
nuestra Patria.
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