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9 de julio de 2010 |
Día de la Independencia
Palabras de la
Presidenta de la Nación, Cristina Fernández, en el Acto de
Conmemoración del 194 Aniversario de la Declaración de la
Independencia Nacional, en la Ciudad de San Miguel de
Tucumán.
Tucumanos y tucumanas: estoy muy feliz de estar una vez más
aquí conmemorando, junto a todos ustedes, un nuevo
aniversario de la Declaración de la Independencia Nacional.
Hace unos instantes, escuchaba a José, el Gobernador,
recordando aquellos momentos en donde con mucha valentía y
con muchos peligros, los argentinos decidieron, con voluntad
política, declarar la independencia.
En ese momento, los peligros eran de carácter militar; el
invasor colonial quería volver a restituir su colonia aquí
porque allá en Europa estaban resurgiendo nuevamente todas
las monarquías. Había que apurarse a declarar la
independencia.
Yo estuve aquí la primera vez como Presidenta en el año 2008
y recuerdo también que hablé de la necesidad de construir
una nueva independencia en la República Argentina. Porque de
aquella independencia política, de aquella constitución como
país, luego vinieron otras dominaciones a través de la
economía, a través de la cultura, que durante doscientos
años sostuvieron a los tumbos un país que iba de un lado a
otro y que en cada bandazo, millones de argentinos quedaban
afuera sin trabajo, sin educación, sin vivienda, sin
seguridad, sin salud.
Por eso decía que era necesario profundizar este trabajo de
recuperación nacional, de recuperación de la dignidad
nacional comenzado el 25 de mayo de 2003, permitiéndonos
construir un proyecto político que, finalmente, liberara
todas nuestras fuerzas como país para construir una sociedad
más justa, más igualitaria, una sociedad donde la gente
tuviera derecho al acceso al trabajo, a la educación.
Ese hombre de pelo gris que está sentado al lado mío, solía
decir que él estaba saliendo del infierno junto a todo su
pueblo. Y yo creo que fue así y que a mí me tocó la segunda
etapa, la de construir los instrumentos de solidez que
permitan que ese proceso de recuperación económica, de
recuperación de la dignidad nacional, del trabajo no fuera
solamente un momento fugaz como los que hemos tenido en la
historia.
Cuando veo a nuestros chicos, a nuestros estudiantes recibir
una computadora en lugar de un par de zapatillas o una bolsa
de comida, siento que estamos ganando esa batalla.
(APLAUSOS) Cuando los veo también sacarme fotos con sus
celulares, casi un artículo de lujo allá por los años 2000,
2001, cuando ayer, luego de pagar este año 2.700 millones de
dólares de deuda defaulteada, no por nosotros, sino por
otros gobiernos, y llegar nuevamente a 50.000 millones de
dólares que nos dan solidez a todos los argentinos,
tranquilidad para que no especulen y vayan contra el dólar,
esa cosa loca de toda la vida, de todos los años, donde
seguir con el trabajo dependía si bajaba o si subía, si
devaluaban o no devaluaban, pueden parecer cuestiones
macroeconómicas. Pero cuando estas se desbocan y pasan en la
vida cotidiana de todos y cada uno de los argentinos, me voy
rectificar, en todos no impacta igual, en los meros impacta
maravillosamente porque se llenan los bolsillos de dinero,
pero en las grandes mayorías populares, se llenan de miseria
y de hambre. (APLAUSOS)
Por eso era necesario seguir consolidando el proceso de
desendeudamiento. Durante décadas, la deuda externa
constituyó el peso y la restricción más terrible que tuvo el
crecimiento y las posibilidades de igualdad de los
argentinos.
Ahí están los documentos de todos los partidos políticos de
la Argentina, documentos de la Iglesia, documentos de la
Confederación General del Trabajo, colocando precisamente
este problema de la deuda como uno de los problemas
estructurales y clave. Y aquí estamos nosotros pudiendo dar
cuenta de las políticas que hemos llevado adelante para
lograr construir mayor independencia económica.
Ya no se trata de la batalla contra los ejércitos que tenía
Belgrano aquí en Tucumán, en Salta o el éxodo jujeño; ya no
cruzamos la Cordillera con San Martín para liberar a los
hermanos chilenos. Ahora la tenemos que cruzar para
profundizar los lazos de vinculación, solidaridad y
cooperación entre todas las naciones de la UNASUR para
construir un proyecto regional sin el cual es imposible
pensar en un gran proyecto nacional. (APLAUSOS)
Y estamos dando esa batalla aunque muchas veces no nos
entienden. Yo me acuerdo que en diciembre, cuando dijimos de
la necesidad de utilizar las reservas para poder pagar la
deuda, todo lo que pasó y vivimos en ese momento, porque
sino era volver recurrir a la usura internacional, a esa que
nos esquilmó durante décadas, donde pagábamos y cada vez que
pagábamos o renegociábamos, más debíamos.
Hoy hemos reducido notablemente esa deuda, como nunca en
toda nuestra historia.
Esta última parte del canje nos hace llegar a casi el 93 por
ciento de la refinanciación total de la deuda defaulteada
con una quita nunca vista en la historia. Eso es construir
independencia. También lo es, cuando decidimos en otro paso
estructural y fundacional recuperar los recursos de los
trabajadores, de los aportes de los trabajadores que habían
sido pasados al mundo privado.
Yo les pido por un instante, piensen ustedes, qué hubiera
pasado con esos recursos si en un mundo en crisis, como el
que vivimos en el año 2009 y parte de este 2010 como está
viviendo el mundo, esos recursos hubieran quedado en manos
del sector privado. Ni sueñen, porque podríamos haber
abordado una ley de movilidad jubilatoria que, junto a todos
los aumentos que dio el anterior gobierno nos ha permitido
en menos de un año dar tres aumentos, por más del 30 por
ciento, estando pendiente aún el aumento de septiembre.
(Aplausos) Eso es también construir independencia porque
estamos desarrollando un sólido mercado interno que nos
coloca un poco más afuera de los avatares del mundo que
vemos que están viviendo, en los países que siempre nos
exhibieron a nosotros, los argentinos como modelo. Nosotros
éramos los atrasados, los que no entendían. Ellos eran el
modelo a imitar. Siempre hemos sostenido desde este proyecto
político y desde mi historia como militante, la necesidad de
que todos los argentinos -todos los argentinos- podamos
construir un proyecto de nación que nos incluya, con
nuestras diferencias, y no hace falta pensar exactamente
igual. Pero cómo no vamos a estar de acuerdo en las grandes
directrices que tiene que tener una nación en la inclusión
social, en que los que tienen más aporten más, en que
terminemos con las asimetrías regionales que tanto mal le
han hecho al país y que han condenado a amplias regiones de
nuestro país, como el NEA y el NOA a atrasos seculares.
Por eso, cuando decidimos que el Estado volviera a recuperar
la iniciativa en los que son los recursos de los
trabajadores que en definitiva, son los trabajadores,
estamos decidiendo también por mayor grado de independencia.
De la misma manera que cuando se creó la asignación
universal por hijo, independizar a la gente también para que
pudiera tener el ingreso por su hijo sin necesidad de pasar
por el favor de un político, sea de una Unidad Básica, de un
Comité, de un Centro Cívico o de lo que fuera, porque a la
hora del clientelismo no hay mejor política que dar trabajo
a todo el mundo y que nadie dependa de nadie. (Aplausos)
Esta construcción de independencia que debemos seguir
profundizando, que es la que nos va a permitir incluir a los
que todavía no han podido acceder a su trabajo.
Pero yo les decía ayer también, cuando nos reuníamos con los
compañeros de la Confederación General del Trabajo y donde
anunciábamos la suba del piso del impuesto a las ganancias
para los trabajadores, a partir de determinado monto, y les
preguntaba a ellos en qué otro gobierno se estuvo
discutiendo con la Confederación General del Trabajo acerca
de que los trabajadores pagaran más o menos impuesto a las
ganancias, si lo único que se discutía era qué derechos se
sacaban, cómo se descontaban sueldos, o cómo se convencía a
un legislador para que aprobara la flexibilización laboral.
(Aplausos)
Por eso, digo, que estamos en un mundo que hemos podido
construir nosotros, mientras en otras latitudes se discuten
exclusiones, despidos, rebajas de sueldos, aumentos de edad
para los regímenes jubilatorios, en la Argentina estamos
debatiendo estas cosas y es bueno que lo hagamos, porque
quienes lo hacemos tenemos una autoridad para poder discutir
estas cosas. Hemos sido los que hemos restituido derechos
que habían sido cercenados y tengo el orgullo de decir que,
mientras esta fuerza política fue mayoría en el Parlamento
Argentino, jamás se le cercenó o se le negó un trato
igualitario a ningún ciudadano y mucho menos a las minorías.
(Aplausos)
Tengo el orgullo de decir que cada vez que hemos sido
mayoría, ha sido para dar igualdad, inclusión y respeto a
las minorías.
Por eso, creo que la construcción de la independencia en el
siglo XXI va a ser una gran batalla de poder lograr una gran
diversificación de nuestra economía, de lograr un mayor
valor agregado de todos nuestros recursos naturales en
nuestras materias primas en los lugares de origen, de dar
mayor y mejor educación a nuestros hijos para calificar
nuestros recursos humanos. Estas son las tareas de la nueva
independencia y en estas tareas, tampoco puede haber ausente
ningún argentino. Porque créanme, estoy absolutamente
convencida que muchas de las cosas que nos han pasado, no ha
sido obra de una maldición gitana o de lo que fuera. No, han
sido nuestros propios errores, nuestras propias
equivocaciones y, muchas veces también, los intereses
disfrazados de otra cosa.
Por eso, en este día quiero convocar a todos, a todos los
argentinos en un mundo que requiere mucha cohesión nacional,
que requiere un gran esfuerzo de unidad para seguir
construyendo sobre lo que ya está hecho. Porque se puede
ver, porque tenemos los resultados, porque cuando dijimos
que teníamos que hacer las cosas del modo que las habíamos
hecho con las reservas, con las AFJP, y esto no es para
reprochárselo a nadie sino simplemente para pedirles muy
humildemente a todos los que se oponían que estoy segura que
lo hacían de muy buena fe, porque pensaban que estábamos
equivocados y que ellos tenían la razón, si ahora nos hemos
dado cuenta que fue bueno lo que hicimos, por qué no
reconocerlo y poner el hombro para seguir creciendo y
construyendo con todos los argentinos, uno contra otro.
Luego, como siempre, en toda democracia vendrá la etapa de
las elecciones donde el pueblo libremente decidirá en quién
confía más para defender sus derechos, quién le ha parecido
mejor en la gestión de gobierno, porque una de las ventajas
que tenemos en estos años afortunados de continua
democracia, es que no pasaba lo que pasaba en la historia:
golpe militar, en años todo se olvidaba y luego todo volvía
a empezar.
Además de tener democracia, además de tener esta maravilla
que es la libertad de poder expresarse sin que nadie te haga
nada, tenemos también la maravillosa ocasión de comparar, de
recordar y de elegir qué Argentina y qué vida queremos
tener.
Por eso, hoy 9 de Julio, Día de la Independencia, convoco a
todos los argentinos a seguir trabajando en la construcción
de la independencia económica que es la base de la política
y también de la independencia cultural, y aprender a pensar
por nosotros mismos, a mirar con nuestros ojos, que no nos
cuenten lo que vemos, que no nos cuenten lo que escuchamos.
Sepamos escuchar y mirar nosotros con nuestros propios ojos,
con nuestras propias ideas, con nuestras propias fuerzas y
vivencias. Porque estoy segura que entonces no volveremos a
equivocarnos nunca más.
Gracias, muchas gracias tucumanos y tucumanas.
¡Feliz Día de la Independencia a todos los argentinos!
¡Feliz Día de la Patria desde el corazón para todos!
Muchas gracias.(Aplausos) |
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